Alessandro Pisarelli, imagen referencial
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Sobre Alessandro Portelli y la historia oral

Relato de la charla del historiador oral Alessandro Portelli en Quito 

Relato de la charla del historiador oral Alessandro Portelli en Quito 

En un auditorio de alfombra gris tomó asiento un discreto número de asistentes. La noche del 28 de noviembre de 2018, en  la sede de la Flacso de la ciudad de Quito, el historiador italiano Alessandro Portelli (1942) charló sobre cómo ha reconstruido episodios del pasado. De cejas espesas y anteojos redondos, Portelli es un representante insigne de la historia oral, una especialidad histórica que usa como fuentes primordiales los testimonios de personas,  incluso sus canciones. 

Ese fue el caso de una canción que escuchó Portelli mientras investigaba la historia de la ciudad italiana de Termi. El canto que relataba la muerte de Luigi Trastulli, un obrero asesinado por la policía en 1949. Pero curiosamente los obreros ubicaban el hecho erróneamente en 1953. La razón de ese traslado era que en ese año se produjeron una serie de despidos que cambiaron la vida de la ciudad de Termi drásticamente. Por esta razón,  la memoria de los grupos antifacistas inconscientemente asoció la muerte del obrero a los hechos posteriores. 

Mirando a las personas esparcidas en el auditorio, Portelli enfatiza que “lo que sale de la historia oral no es tanto el dato, sino algo distinto, que tiene que ver con la verdad de la subjetividad, el sueño, la imaginación”. Los relatos de las personas pueden ser imprecisos, pero son una fuente única para entender el significado que tiene el pasado para quienes lo vivieron.

Su español es rudimentario, se entremezcla con palabras italianas, pero tiene un color intenso. Portelli es uno de esos intelectuales de izquierda convencido sobre la pertinencia de conocer el pasado para enfrentar el presente. Narrando su trabajo revivía las historias de otros, su entonación apasionada interpelaba un auditorio cautivo.

“Nadie cuenta la historia de toda su vida”, dijo Portelli dibujando un círculo en el aíre, antes de referirse a cómo hace entrevistas. Lo primero es estar consciente de que el testimonio está condicionado por las distancias que existen entre el entrevistado y el entrevistador. En una ocasión este hombre, académico, blanco, ex-católico entrevistó a una mujer, afroamericana y ferviente baustista. Al salir de su casa, luego de horas de conversación, ella se despidió diciendo: “mira, como eres blanco, yo no confío en ti”.

Alessandro Pisarelli, durante su conferencia en la sede de Quito de la FLACSO

Esa separación latente en las entrevistas, sin embargo, es atenuada porque ofrece al entrevistado una oportunidad. El historiador permite a la persona “contar su vida, darle una forma narrativa, darle un sentido”. Añade Portelli, que en las entrevistas “suspende su incredulidad e invade la subjetividad ajena”.

Libro de Alessandro Pisarelli: The say in Harlan County, Oxford 2011

En una ocasión fue a la sede de una organización neofacista a entrevistar a unos muchachos sobre su percepción de la presencia nazi en Italia.  Cuenta Portelli:

  • Dije, buenas noches, soy un historiador de izquierda y estoy haciendo una investigación sobre la invasión. Me dijeron siga porque cuándo le pasa a un joven fascista que un historiador de izquierda le escuche; cuándo le pasa de escuchar a un historiador de izquierda a un joven fascista. La única técnica que tienes que respetar en una experiencia de campo es el respeto y la buena educación.

La entrevista da al historiador su irremplazable material de trabajo. El profesor italiano ironizó: “a menudo se dice que le damos la voz a los que no tienen voz. Ellos me dan la voz a mí. No hubiera escrito nada si los subalternos no me hubieran dado la voz”.

Esa observación afecta también las jerarquías de saber. Sobre su trabajo en un pueblo minero de Kentucky, en Estados Unidos, Portelli comenta:

  • ¿Por qué haces la entrevista? Tu haces la entrevista, puedes ser un gran académico y entrevistar a un obrero del sur oeste de Kentucky. Pero si acepta esta entrevista es porque esta persona sabe cosas que tú no sabes. Es siempre una experiencia de aprendizaje. Me di cuenta de esto en Kentucky. Es un lugar muy raro porque es una comunidad muy blanca, pero pobre y   minera. Tienen una historia de lucha de razas fantástica. Es un lugar en el que no le gusta a la gente que les estudien. Unos amigos me aconsejaron: no vayas allá porque todos llevan navajas; es mentira, llevan pistolas. Entonces pasé treinta años haciendo entrevistas. Pregunté a una señora por qué no me disparan, porque tu no sabes nada  y a la gente le gusta ayudarte.

Portelli comía pollo frito con Julia, la señora que le había dicho que no confiaba en él por ser blanco. Se habían vuelto amigos. Un día Julia le confesó que su bisabuelos habían sido hijos de esclavos. Al decir la palabra esclavos tuvo una dificultad enorme en pronunciarla. En esa dificultad en pronunciar la palabra, anota el historiador cerrando su charla, existe “la memoria de una rabia o de un orgullo”. Para un historiador tradicional la forma en que se pronuncia una palabra sería insignificante, para Portelli encierra el significado que tiene el pasado.

La perturbante dimensión del pasado, es una especialidad de Portelli, para quien el olvido no es azaroso:

  • La memoria es la presencia del pasado en el presente. Recordamos lo que tiene sentido. Intentamos olvidar lo que tiene demasiado sentido. 

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